Las imprudencias y violencia vial en redes sociales forman parte de un fenómeno creciente donde la búsqueda de viralidad puede terminar afectando a la seguridad en carretera. Cuando los likes superan a la prudencia, el riesgo deja de ser virtual y pasa a ser real.
Las redes no son solo entretenimiento: para millones de jóvenes son su principal fuente de inspiración e información. Y ahí es donde empieza el problema.
Influencers, cinturón y ejemplo público
Recientemente, perfiles con millones de seguidores como Lola Lolita y Vito Quiles aparecieron en redes viajando como pasajeros sin el cinturón de seguridad abrochado.
Puede parecer una distracción sin importancia, pero los datos dicen lo contrario:
📊 Aproximadamente una cuarta parte de los fallecidos en turismo y furgoneta en carretera no llevaba puesto el cinturón.
Cuando una figura pública normaliza ese comportamiento, el mensaje que reciben miles o millones de jóvenes es claro: “no pasa nada”.
Redes sociales: el escaparate sin filtro
Según el Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB:
- El 91 % de jóvenes entre 18 y 30 años usa redes a diario.
- El 54 % lo hace para inspirarse.
- El 49 % las considera su principal fuente de información.
En este entorno, los contenidos que muestran velocidad excesiva, distracciones al volante o burlas hacia otros usuarios de la vía pueden terminar reduciendo la percepción de riesgo.
Las plataformas premian:
- Visualizaciones
- Interacción
- Viralidad
No necesariamente responsabilidad.
El efecto imitación y la normalización del riesgo
Desde la psicología social se advierte que:
Cuando una conducta peligrosa se repite y no parece tener consecuencias, se percibe como menos arriesgada.
Ejemplos no faltan.
El streamer TheGrefg publicó en su día un vídeo circulando a 180 km/h.
El creador de contenido Vicesat se grabó alcanzando más de 230 km/h en carretera.
El influencer británico Harrison Sullivan protagonizó un accidente a gran velocidad sin seguro y huyó del país.
En todos los casos, la velocidad se convirtió en espectáculo.
El mensaje implícito puede ser peligroso: conducir rápido “mola”, grabarse al volante genera impacto y saltarse normas da visibilidad.
Jóvenes: los más expuestos
Según el Eurobarómetro:
- El 73 % de usuarios entre 15 y 24 años sigue a influencers.
- A partir de los 40 años, el seguimiento cae por debajo del 50 %.
Un estudio de 2024 de la Universidad de Sunshine Coast concluyó que el grupo de 17-25 años es el que más reconoce estar expuesto a contenidos de conducción peligrosa y el que más tiende a normalizarlos.
No se trata de culpabilizar a los jóvenes, sino de entender que:
- Son más sensibles a la recompensa social.
- Buscan referentes fuera del entorno familiar.
- El desarrollo del control inhibitorio aún está en proceso.
Si los referentes exhiben imprudencias, el riesgo se amplifica.
Violencia vial: del vídeo al discurso de odio
Las imprudencias y violencia vial en redes sociales no se limitan a grabarse sin cinturón o a alta velocidad.
Existe también:
- Hostilidad hacia ciclistas
- Insultos por género u origen
- Celebración de atropellos
- Justificación de conductas agresivas
La exposición continuada a mensajes de odio puede:
- Reducir la empatía
- Aumentar la impulsividad
- Reforzar comportamientos temerarios en carretera
En 2024, solo el 35 % de los mensajes reportados como odio fueron retirados por las plataformas digitales.
El problema no es solo lo que se publica, sino lo que permanece visible.
También hay referentes que suman
Afortunadamente, también existen perfiles que utilizan su influencia para educar.
Es el caso de Rafa F. Villalba, creador de contenido especializado en seguridad vial.
La asociación AESLEME incluso creó un premio al mejor influencer de seguridad vial para reconocer la divulgación responsable, galardón que ha distinguido a creadores como Ibon Oregi.
La diferencia es clara: usar la visibilidad para prevenir, no para provocar.
Cuando los likes superan a la seguridad, el impacto puede trascender la pantalla. Las imprudencias y violencia vial en redes sociales no son solo un fenómeno digital: influyen en actitudes, moldean percepciones y pueden terminar afectando a la conducción real.
La seguridad vial no puede competir en viralidad con el morbo o la temeridad, pero sí puede ganar en responsabilidad y conciencia.
Porque en carretera, los errores no se borran con un clic.
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