En los últimos meses, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha sorprendido a los conductores con la puesta en marcha de un nuevo dispositivo de control de velocidad: los radares remolque, también conocidos como carro radares. Se trata de un sistema que combina lo mejor de los radares fijos y de los móviles, con una ventaja añadida que está generando mucha polémica: su capacidad para pasar casi desapercibidos.
Estos cinemómetros se montan sobre un remolque ligero que puede trasladarse con facilidad de un punto a otro de la red viaria. Al no requerir obras, conexión eléctrica fija ni instalación permanente, se convierten en una herramienta de enorme flexibilidad para la DGT. Basta con desplegarlos en cuestión de minutos en cualquier carretera y empezar a registrar infracciones de velocidad. Su apariencia discreta —un pequeño remolque estacionado a un lado de la vía— hace que en ocasiones los conductores apenas se percaten de su presencia, hasta que llega la notificación de la multa a casa.
Cómo funcionan los radares remolque
El secreto de su eficacia reside en su autonomía. Funcionan con baterías internas que pueden garantizar varios días de operatividad sin necesidad de ser recargadas. Además, están conectados a las redes de transmisión de datos, lo que permite enviar en tiempo real la información de las sanciones a los servidores centrales de la DGT. Esto significa que no necesitan agentes presentes en el lugar para funcionar, lo cual amplía la capacidad de control en tramos donde no suele haber vigilancia habitual.
Otra de sus características es su capacidad para medir la velocidad en varios carriles al mismo tiempo y diferenciar el tipo de vehículo que circula: no es lo mismo el límite de un turismo que el de un camión o un autobús. Así, el sistema aplica automáticamente el umbral correspondiente y determina si hay una infracción. Esta versatilidad los convierte en un elemento muy valioso para controlar tramos de carreteras convencionales, descensos prolongados o zonas con alta siniestralidad.
Dónde se están utilizando
Aunque la DGT no suele publicar de forma abierta la ubicación exacta de estos dispositivos, ya se han detectado varios radares remolque en funcionamiento. En Cataluña, por ejemplo, se han instalado en puntos de la AP-7 y de la C-31; en Madrid se ha podido ver uno en la A-6, a la altura de Las Rozas, en un tramo con límite de 100 km/h. Se espera que su despliegue se extienda de forma progresiva por toda España, especialmente en tramos de obras, accesos a túneles o carreteras secundarias con elevado índice de accidentes.
De hecho, la DGT ha anunciado que en 2025 incrementará de manera notable su red de radares, con más de un centenar de nuevos puntos de control de velocidad, entre los que se encuentran estos radares remolque. Con ellos, el organismo busca adaptarse a la movilidad actual, reforzar la prevención y, en teoría, reducir la siniestralidad. Sin embargo, no faltan voces críticas que consideran que se trata de un sistema pensado más para recaudar que para concienciar.
Multas y pérdida de puntos
Una de las grandes diferencias respecto a otros sistemas de control de velocidad es que los radares remolque no tienen por qué estar señalizados previamente. Esto significa que un conductor puede ser sancionado sin haber visto ninguna advertencia en la carretera, lo que aumenta la percepción de “trampa” entre quienes se han topado con ellos.
Las sanciones derivadas de un exceso de velocidad captado por estos dispositivos son las mismas que en cualquier otro radar: desde los 100 euros por infracciones leves hasta los 600 euros cuando el exceso es considerable. Además, se pueden perder entre 2 y 6 puntos del carnet, en función de la gravedad del incumplimiento.
Conviene recordar que una pérdida importante de puntos puede suponer la retirada temporal del permiso de conducir, con las consecuencias que ello acarrea tanto a nivel personal como profesional. En esos casos, opciones como los cursos de sensibilización y reeducación vial que permiten recuperar puntos en Zaragoza y en el resto de España, disponibles en centros especializados como recuperarpuntoszaragoza.com, se convierten en una alternativa imprescindible para volver a la normalidad cuanto antes.
Seguridad vial o recaudación: el debate abierto
El objetivo oficial de los radares remolque es claro: reducir la velocidad en tramos de riesgo y, con ello, evitar accidentes. La DGT insiste en que no se trata de un mecanismo recaudatorio, sino de un sistema que salva vidas. No obstante, la discreción con la que se despliegan y el hecho de que puedan estar escondidos tras un guardarraíl o situados en un descenso prolongado ha levantado suspicacias. Muchos conductores creen que, más que concienciar, buscan sorprender y sancionar.
Este debate no es nuevo. Cada vez que se introduce un sistema de vigilancia más avanzado, surgen dudas sobre si la medida está diseñada para mejorar la seguridad o simplemente para engordar las arcas del Estado. Lo cierto es que, independientemente de la polémica, los radares remolque ya son una realidad en nuestras carreteras y, tarde o temprano, todos los conductores tendrán que acostumbrarse a ellos.
Cómo evitar ser sancionado
La única forma real de evitar una sanción es respetar los límites de velocidad. Con los radares remolque no hay margen para confiar en la memoria de dónde están colocados los cinemómetros fijos ni para reducir bruscamente cuando se detecta un radar móvil. La vigilancia puede estar en cualquier sitio y en cualquier momento.
Conviene extremar la precaución en bajadas pronunciadas, donde la inercia del vehículo puede llevarnos a superar el límite sin darnos cuenta, y también en carreteras secundarias o tramos de obras, donde estos dispositivos encuentran su mayor utilidad.
Más allá de la sanción económica, no debemos olvidar que los límites de velocidad están fijados por motivos de seguridad. Respetarlos significa proteger nuestra vida y la de los demás.


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