Con la llegada del frío, muchos conductores se enfrentan cada año a las mismas dificultades en carretera: menor adherencia, visibilidad reducida y averías que aparecen justo cuando más se necesita el coche. Poner a punto tu coche este invierno no es solo una recomendación, sino una cuestión de seguridad vial y prevención de accidentes.
Las olas de frío, las lluvias intensas y las heladas afectan a buena parte de la red viaria y sorprenden a muchos vehículos aún en “modo verano”. La Dirección General de Tráfico insiste en que la combinación de asfalto deslizante, mala visibilidad y mantenimiento deficiente es uno de los factores que más incrementa el riesgo de siniestro en esta época del año. Por eso, revisar el estado del coche y adaptar la conducción es la primera línea de defensa antes de salir a la carretera.
Neumáticos: el primer elemento clave en invierno
Los neumáticos son, sin duda, los grandes protagonistas cuando bajan las temperaturas. Con el asfalto frío y mojado, la capacidad de agarre se reduce de forma notable. Aunque el límite legal del dibujo está en 1,6 mm, los expertos recomiendan no bajar nunca de los 3 mm en invierno, ya que por debajo de esa cifra la distancia de frenado aumenta de forma considerable.
Otro aspecto importante es el tipo de neumático. Muchos conductores desconocen si llevan gomas de verano, de invierno o todo tiempo. Los neumáticos de invierno y los “all season” mejoran la tracción y el control del vehículo y, en determinadas condiciones, pueden evitar el uso de cadenas. Si se va a circular por zonas de montaña o áreas con nieve frecuente, llevar cadenas en el maletero sigue siendo obligatorio en muchos casos. Conviene recordar que siempre se colocan en las ruedas motrices y que es recomendable practicar su montaje antes de verse en plena nevada.
Batería y sistema de arranque: el fallo más habitual
El frío es uno de los grandes enemigos de la batería. Las bajas temperaturas ralentizan la reacción química interna, el aceite del motor se vuelve más espeso y el arranque se complica. Talleres y aseguradoras coinciden en que la batería es la principal causa de asistencia en carretera durante el invierno.
Si el coche tarda en arrancar, las luces pierden intensidad al girar la llave o la batería supera los cuatro o cinco años de antigüedad, es aconsejable revisarla o sustituirla antes de que falle. En vehículos que duermen en la calle, llevar cables de arranque en el maletero puede sacarnos de un apuro en el momento más inoportuno.
Revisión de líquidos: anticongelante y limpiaparabrisas
Durante los meses fríos, el control de los líquidos del vehículo cobra una importancia especial. El anticongelante debe estar al nivel correcto y en buen estado; si presenta un aspecto turbio, es señal de que necesita ser sustituido. Su función es proteger el motor frente a cambios bruscos de temperatura y evitar daños graves.
El líquido limpiaparabrisas también merece atención. Es recomendable utilizar uno con aditivo anticongelante, ya que evita que el circuito se hiele. Un error común es rociar el parabrisas con agua cuando la temperatura está bajo cero, ya que el choque térmico puede provocar grietas en el cristal.
Visibilidad y equipamiento invernal
La visibilidad es uno de los grandes retos del invierno al volante. Escobillas desgastadas o endurecidas dejan zonas sin limpiar y obligan a forzar la vista. Revisarlas antes de que empiece la temporada fría es una medida sencilla que mejora notablemente la seguridad. Lo mismo ocurre con el correcto funcionamiento de todas las luces del vehículo, especialmente las de cruce y antiniebla.
Además, cada vez más expertos recomiendan llevar un kit invernal en el maletero: rascador de hielo, guantes, linterna, manta térmica y el móvil con batería suficiente. En caso de retenciones prolongadas o cortes de carretera por nieve, contar con agua y algo de comida puede marcar la diferencia mientras llega la ayuda.
Adaptar la conducción a las condiciones invernales
Todo el mantenimiento previo debe completarse con una conducción acorde a la estación. Reducir la velocidad, aumentar la distancia de seguridad y evitar maniobras bruscas son pautas básicas. En superficies con nieve o hielo, es preferible arrancar en segunda, acelerar con suavidad y utilizar el freno motor siempre que sea posible.
Aunque los sistemas de ayuda a la conducción, como el control de tracción o el ABS, están diseñados para asistir al conductor en situaciones adversas, poner a punto tu coche este invierno y aplicar estas recomendaciones sigue siendo la mejor forma de minimizar riesgos y llegar a destino con seguridad.
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